Blog, El poder de las palabras

La importancia del valor numerológico de un nombre.

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El número del nombre asignado a una persona o negocio marca su destino.

Nada existe por azar al igual que nada se crea de la nada. Todo tiene una causa, y si tiene una causa estaba predestinada a existir de esa forma precisa, desde el momento en que la causa surgió.

Todos y cada uno de nosotros estamos en este plano, en este preciso momento para cumplir con una determinada tarea o misión de vida. En la Numerología esta misión se ve en la suma total de todas las letras del nombre completo que recibimos al nacer o que se le asigna a una empresa en un acta constitutiva.

De la misma manera el nombre que escogemos para crear una empresa o negocio o para bautizar algún proyecto importante, marca determinantemente el potencial que tendrá para ser exitoso o no y la lección de vida que nos dejará durante el tiempo que dure.

¿Por qué le dedicamos tanto tiempo a pensar el nombre perfecto para algo?


Consiente o inconscientemente, el asignar un nombre a un recién nacido, una nueva empresa, un nuevo negocio, incluso a nuestra mascota o nuestra quinta de fin de semana, en la mayoría de las ocasiones nos enfrenta a una gran indecisión.

No sabemos que es, o porque nos toma tanto tiempo el elegirlo, pero terminamos dedicándole gran tiempo a buscar el nombre perfecto a este nuevo ser o proyecto, buscamos entre las personas que admiramos, nuestros seres mas queridos, personajes de gran fuerza en la historia o la literatura, negocios exitosos, en fin, no dejamos un solo lugar sin escudriñar, pero es que así debiera ser, si se considera la importancia de esta decisión final y lo que aun sin saber estamos marcando en el camino de vida de este nuevo ser o de nuestro nuevo proyecto de negocio.

No importa si usas o no tú nombre completo o si tienes algún apodo o diminutivo, o si decidiste modificar o deformar el nombre que aparece en tu acta de nacimiento o en el acta constitutiva de tu negocio.

El nombre que se recibe al nacer es el único que determina el destino de una persona o de una empresa.

Para la Numerología la vida esta dirigida fuertemente por los números, especialmente con todos aquellos números con los que nos identificamos y asociamos, como: nuestros documentos de identidad, nuestra fecha de nacimiento, el valor de nuestro nombre, el acta constitutiva de una empresa, la fecha de lanzamiento de un proyecto, nuestra cédula fiscal, el número de la casa donde vivimos, etc.

El número del destino se obtiene de la suma de todas las letras que componen un nombre y marca las etapas de evolución y crecimiento de la persona o empresa a través de su tiempo de vida, habla de los obstáculos y circunstancias adversas que tendrá que atravesar para poder completar su misión.

De la misma manera nos señala los momentos más propicios de desarrollo, brillo y éxito, para poder ser aprovechados al máximo.

La importancia de esta vibración es el conocimiento de que vivimos conforme a un destino específico para lograr experiencias específicas, que nuestra alma seleccionó antes de tomar su forma física.

Algunas nombres sirven para expresar su individualidad y originalidad. Otros para destacarse por el servicio que prestan a los demás, algunos para brillar en el aspecto económico de la vida. Y otros se desarrollan a través de las experiencias que brindan por su sensibilidad y solidaridad con el amor humano.

Algunas veces la energía que se manifiesta en el nombre que elegimos, funciona en forma adversa con la intensión o la meta que estamos persiguiendo. Cuando encontramos que el destino marcado por el nombre seleccionado es demasiado difícil para cumplir o cuando, en lugar de ese destino, deseamos otras cosas que no compaginan con la vibración del número dado a la persona o proyecto, tendremos que trabajar en armonizar la vibración del nombre dado para poder obtener los resultados que hasta ahora nos han sido negados u obstaculizados.

A pesar de todo, la vida será más placentera y feliz en verdad si tratamos de seguir los dictados del poder divino, que nos conduce hacia lo mejor de nuestras posibilidades, entendiendo a la perfección cuál es el destino que marca la vibración de cada nombre, y evitar de esta manera  “seguir  pidiéndole  peras al olmo“.

En otras palabras, el conocer el destino que nos marca nuestro nombre y los nombres que asignamos a nuestros proyectos, a través de su valor numérico es finalmente encontrar la puerta que nos ayudará a salir del laberinto de nuestra vida, hacia el lugar ideal de nuestra existencia, evitando seguir tapándonos con la pared una y otra vez, tratando de encontrar la salida donde no hay mas que muros de piedra solida.

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